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Intervención de Elena Martínez, Directora Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
Financiamiento de la Democracia en América Latina
El Centro Carter, Atlanta, 17 de marzo, 2003
Presidente Carter, Secretario General Gaviria, Vice-presidente Mesa, Señoras y Señores Ministros, Miembros del Consejo, Señoras y Señores,
Amigos Todos
Introducción
Quisiera, en primer termino, agradecer la invitación que el Centro Carter le hiciera al administrador del PNUD, Señor Mark Malloch Brown, a quien le ha sido imposible participar en este evento. Por tanto, se me ha pedido que adelante algunas reflexiones sobre el estado de la democracia en nuestra región a modo de contextualizar el tema central de este encuentro: "El Financiamiento de la Democracia en América Latina".
Luego de décadas de avances y retrocesos, los regímenes democráticos están ampliamente extendidos en América Latina. Poseer las libertades básicas de las que hoy disponemos, dejando a tras la amenaza permanente del autoritarismo, es un bien invalorable para todos. A pesar de los diversos grados de desarrollo y calidad de la democracia, tenemos el avance mas profundo y amplio de las libertades ciudadanas desde la independencia de nuestros países.
Es importante no perder nunca de vista lo que poseemos. Digo esto porque a veces lo damos por descontado olvidando que, no hace mucho, en la mayoría de nuestros países pensar y hablar era un delito. Y además no conviene olvidar el pasado, porque su recuerdo da sentido y fuerza a la necesidad de contar con el pensamiento y las acciones necesarias para no perder lo conquistado, ampliarlo, asegurarlo.
En segundo término quisiera recalcar un mensaje optimista en el sentido de lo importante que es tener una Carta regional que cristaliza la conciencia de que todos queremos la democracia. El que no es democrático no es miembro del club latinoamericano, y esto es lo que la Carta Democrática Interamericana señala. Queda muy claro que se auto-excluiría o sería excluído del club democrático, aquel país donde se produce la interrupción del orden constitucional democrático.
Tampoco olvidemos que la democracia, mas que otros sistemas, tiene la enorme ventaja de rectificarse a sí misma. Pero para ello es indispensable que se conozca a sí misma y asuma, con audacia, el debate - sin tabúes - sobre sus dilemas y necesidades.
Una primera visión de los que estamos viviendo en nuestra América nos muestra que nos hemos alejado de los riesgos permanentes de los golpes de estado militares, pero en nuestras sociedades la democracia parece perder vitalidad. Se cree en ella, aunque se desconfía de su capacidad para mejorar las condiciones de vida. Los partidos políticos están en el fondo de la escala de la estima pública. El Estado es mirado con expectativa y recelo a la vez. En algunos casos, el ímpetu democrático que caracterizó las ultimas décadas del siglo pasado parece debilitarse. Cuán grave son esas fragilidades?
La democracia latinoamericana se desarrolla en sociedades sometidas a altos niveles de pobreza y al mayor grado de desigualdad del mundo. En América Latina en el 2002, 214 millones de personas (44% de los habitantes) eran pobres - un incremento de siete millones desde el 2001-. el coeficiente de desigualdad (gini) para los años noventa fue .493 mientras que el promedio mundial era de .381 y el de los países desarrollados .337.
En América Latina durante la década de los noventa hubo una diversidad de experiencias en términos de crecimiento y reducción de pobreza. Las economías que lograron crecer, disminuyeron sus niveles de pobreza. Sin embargo, no ha habido disminución de la desigualdad y en varios países la concentración de los ingresos ha aumentado. Una mayoría de países difícilmente podrá cumplir con la meta del milenio de reducir la pobreza extrema a la mitad para el año 2015. Solo 7 de los 18 países de la región cumplirán con la meta de reducir la pobreza si su performancia económica, en términos de crecimiento y reducción de desigualdad, continúan en la misma línea que durante los 90s. Es más, para algunos países, los intentos de alcanzar esa meta, basados solamente en crecimiento, requerirían tasas de una expansión del producto per capita sin precedentes en la región en las últimas décadas. Por el contrario, pequeñas reducciones en la desigualdad pueden tener efectos muy positivos en términos de reducción de pobreza: reducciones moderadas en los índices de concentración del ingreso podrían tener el mismo efecto sobre la reducción de la pobreza que muchos años de crecimiento interrumpido.
Una región enteramente democrática pero que a la vez registra estos altos niveles de pobreza y desigualdad, constituye un triangulo único sin precedentes hasta hoy en la historia. Ha habido países que reunían estos rasgos, pero es la primera vez en que en una región entera coexisten democracia, pobreza y desigualdad.
Una segunda visión nos indica asimismo que el apoyo a la democracia no es tan sólido como pensábamos. Permítanme dar dos o tres cifras que arroja la última encuesta del 2002, encargada por el PNUD a Latinobarómetro, y así respaldar mis afirmaciones.
Primera cifra: Un 60% de latinoamericanos dicen que la democracia es el mejor sistema, un 40% dice que no. Segunda cifra, que aparece muy importante: el 50% de latinoamericanos encuestados en dieciocho países de la región dicen que estarían dispuestos a apoyar un régimen militar si este trajera solución a sus problemas económicos, ahí vemos una señal amarilla en el tablero.
La señal roja aparece claramente con la tercera cifra: del stock de capital democrático que es 60% en la región, la mitad estaría dispuesta a aceptar un régimen autoritario si trajera solución a sus problemas económicos. Entonces, la democracia es solo elección? O simplemente, las condiciones del régimen político electoral? Es la poliarquía de Robert Dahl? O la democracia es una maravillosa aventura humana aun inacabada e incompleta en búsqueda de la libertad, la justicia y el progreso?. Si es el fenómeno electoral podrá subsistir con las recetas del pensamiento único en el ámbito macro-económico.
Habrá una economía que exige ajustes que no han sido tan positivos como dice Joseph Stiglitz. Resulta que quien ve el desempeño de los países latinoamericanos de los últimos años, observa con alguna preocupación que en estos años los países que han sido sometidos a procesos de apertura y ajustes estructurales, por otro lado muy importantes y muchas veces necesarios, han crecido a una fracción del ritmo de crecimiento que tenían entre el cincuenta y el ochenta. Entonces, los economistas que aman tanto los datos empíricos ignoran este pequeño dato empírico. Por supuesto, hay explicaciones para esto, pero lo cierto es que estamos en presencia de una democracia que no puede ser recluida a la noción de régimen entendiendo por noción de régimen el mero derecho y hecho de votar. El sujeto de la democracia no es el votante, es el ciudadano, es el hombre y la mujer que quiere ser libre, progresar y tener justicia.
Si bien la Carta Democrática Interamericana habla de interdependencia entre el desarrollo económico y la democracia, permítaseme un planteamiento no ortodoxo. En el artículo primero señala la Carta: la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de la América latina, lo cual es cierto. Pero a mí me gustaría haber leído lo inverso: el desarrollo social, político y económico es indispensable para la democracia, porque hay países de alto desarrollo que no son democráticos. Yo sé que esta es una tesis controvertible, pero podríamos citar un conjunto de países donde la democracia no es condición para el crecimiento, no sé sí para el desarrollo pero ciertamente para el crecimiento.
Lo que no podemos negar es la tesis inversa, es decir, una democracia que exceda la noción de régimen, la noción de mero proceso electoral indispensablemente precisa desarrollo económico. Ahora bien, parecería que el desarrollo económico solo tiene una fórmula, y no estoy objetando a la economía de mercado, estoy sugiriendo que la economía de mercado no es una y solo una, sino que hay muchas posibles economías de mercado.
Pasando a una tercera visión, vemos que las instituciones democráticas tienen asimismo una bajísima credibilidad. Aproximadamente el 38% de los latinoamericanos están de acuerdo con que el presidente ponga orden por la fuerza o deje de lado a los partidos políticos y al congreso a la hora de gobernar. Esta debilidad institucional viene acompañada de un serio problema de liderazgo en la región. En la ultima década hemos visto como varios países presidentes de América latina - 5 en los últimos cinco años- no llegaron a concluir su mandato de gobierno. Como lo señala él Dialogo Interamericano en su último Informe sobre América Latina -publicado recientemente- estas circunstancias, entre otras, ilustran la profundidad de la crisis de liderazgo que aqueja a la región, una situación que se agrava con la debilidad de las instituciones políticas y la ausencia de mecanismos de pesos y contrapesos que favorezcan la gobernabilidad.
En América Latina, los nuevos espacios democráticos se han instalado, en muchas ocasiones, no a través de proyectos y actores políticos -y tergiversando la clásica tradición de la opción ciudadana-, sino como mercados electorales donde se compite mediáticamente y con enormes sumas de dinero que llevan fácilmente a la corrupción y a ofertas inorgánicas de solución imposible a los "problemas de la gente". En este contexto, el conjunto de la clase política se ha visto obligada a competir en este nuevo mercado y ha abandonado su función esencial. La marketizacion y mediatización excesiva de las campañas electorales, la falta de accountability y el papel que juega el dinero en la política han conllevado al vaciamiento de la política, la desvalorización de la política misma y de sus agentes y actores.
Señor Presidente, Amigas y Amigos todos,
Una región entera que tiene régimen democrático, pero que no es rica y que además es la más desigual del mundo, presenta acechanzas y singularidades únicas y especiales que precisan ser indagadas. Es indispensable que el esfuerzo democrático de la región indague la singularidad que ese triangulo produce y las consecuencias de esa singularidad para ilustrar las políticas.
Nuestros problemas no son la suma de las peculiaridades nacionales. Tenemos un hilván que nos recorre como región. Nuestra América tiene una enorme comunidad de problemas que precisan ser mejor comprendidos. De ahí el esfuerzo que emprende el PNUD de lanzar este esfuerzo simétrico al que inició en su momento sobre el Informe de Desarrollo Humano, con el Informe de Desarrollo Democrático para aterrizar en cuál es la agenda de las asechanzas que deben ser resueltas y atacadas. No para "dictar cátedra" ni para producir, ojalá, un informe riguroso. Si no, fundamentalmente, para contribuir a implantar un debate.
Dos o tres notas breves para concluir. La primera cuestión se refiere a la importancia de considerar -y ojalá que coincidamos- a la democracia, no solo como régimen sino como manera de organizar la vida de la sociedad. Las consecuencias de decir esto son inmensas. Se pueden aplicar durísimos ajustes, se puede llevar a las sociedades a altísimos niveles de desigualdad, de pobreza, y decir: la democracia de régimen existe. Siguen votando, siguen eligiendo; qué votan y qué eligen es otra cosa, pero hay democracia. Nosotros pensamos que no. Que aún esa democracia minimalista de régimen, en ese triangulo referido anteriormente, va a morir de muerte lenta si los problemas del progreso y de la justicia no son resueltos. Por tanto, dar una pelea para extender la noción de democracia, no es una pelea ni académica ni teórica, es un compromiso de todos que no debemos soslayar ni ignorar.
Por lo tanto, indagar la diversidad de organización de las economías de mercado para fortalecer la democracia me parece un desafío central. Otro desafío central es, asimismo, el problema del Estado. Hasta ahora el tema del Estado, en la cooperación internacional, ha sido abordado desde la perspectiva de la modernización de sus redes burocráticas y de sus organizaciones, y de la búsqueda del déficit cero. Eso es indispensable, sin duda, pero hay que ir mas allá. Precisamos un Estado capaz de democratizar, de reunir la economía, la integración social con la democracia. Y si no tenemos un Estado con capacidad para cubrir el conjunto del territorio, para llevar al conjunto del territorio las normas de la libertad y la democracia, la democracia también se nos muere lentamente.
Por último, un tema no menor es el de las agendas públicas. Podemos tener democracia de régimen, podemos votar, pero resulta que, en muchos casos, los temas de elección son temas vanos. Que el rango efectivo de opciones con el cual cuenta el ciudadano es mínimo. El rango efectivo de opciones, es decir, la agenda que discuten los ciudadanos es un tema central de la democracia porque hay cierta tendencia a reducir el tema del debate público.
Y una última cuestión sobre el Estado: qué tal si tengo un régimen impecable, tengo una agenda abierta sobre todos los temas y cuando llego al Estado, no tengo poder. Qué tal si ese Estado no es soberano internamente, si los poderes fácticos son superiores al poder de los electos, entonces, para qué sirve esa democracia? Hay una cifra muy estremecedora en la encuesta: la inmensa mayoría de latinoamericanos señala que la democracia es libertad, pero si se les pregunta si la democracia va a ser desarrollo dicen que no. Para la inmensa mayoría de latinoamericanos democracia no es un instrumento para el desarrollo. El riesgo inmenso que subyace en esa percepción es que la democracia pierda relevancia y si pierde relevancia, van a ser cada vez menos los y las que defiendan la democracia. Entonces viviríamos una dramática paradoja, tanto tiempo luchando para que no vinieran los militares a interrumpir la voluntad popular sin que se expresara la democracia, para terminar mirando una voluntad popular que empieza a desconfiar de la democracia, que empieza a entender que la democracia no es relevante.
No tenemos derecho a caer en ese riesgo, lo que sigue en este proceso que ha iniciado la Carta Democrática es ampliar el mundo de estas asechanzas, es profundizar los mecanismos comunes que tenemos los latinoamericanos, es recrear nuestro pensamiento latinoamericano común para poder enfrentar, no la salvación de un régimen electoral o un sistema de gobierno, sino la continuidad de esta aventura maravillosa en la búsqueda de la libertad, la justicia y el progreso.
Muchas Gracias.